Acción Educativa presenta las conclusiones del VIII Encuentro La Ciudad de los Niños

Acción Educativa presenta las conclusiones del VIII Encuentro La Ciudad de los Niños

Ciudad de los niños2El pasado mes de marzo tuvo lugar el VIII Encuentro La Ciudad de los Niños en La Casa Encendida de Madrid, en las jornadas se trataron temas tales como las garantías de movilidad que deben ofrecerse a los niños y las niñas, promover la iniciativa de formación y de apoyo a las familias y a la comunidad en general, creación de instituciones en que participen niños, niñas, adolescentes y adultos, para la toma de decisiones en aspectos que competen a todos y todas.

La mayor parte de los ponentes coincidieron en la ciudadanía de los niños como derecho fundamental, y que la participación de la democracia debe ser llevada a cabo por todos y todas.

¿No son ya ciudadanos todos los niños, aunque no voten? ¿Hay solo motivos legales o también de utilidad política? ¿Cómo pueden ejercer su ciudadanía? ¿Cuándo? ¿Dónde encuentran espacios y oportunidades para ello? ¿Qué papel jugamos y debemos jugar los adultos con relación a la ciudadanía de chicos y chicas? ¿Qué contribución cabe esperar de la familia y la escuela a la formación y al ejercicio de esa ciudadanía? ¿Cómo afecta a todo ello la difícil situación actual?

El equipo de trabajo la Ciudad de los Niños está muy contento con las aportaciones y debates y han querido compartir las conclusiones extraídas del evento:

1. La infancia vive en la actualidad una situación contradictoria: se proclaman solemnemente sus derechos al mismo tiempo que se deterioran las condiciones para ejercerlos. Existe alto consenso, pero baja aplicación.

2. Se está institucionalizando el individualismo como consecuencia de la competitividad global (entre regiones, países, monedas, empresas, servicios, personas). A la infancia se le enseña a ser competitiva, antes que miembro de una comunidad solidaria. Se trata de un caso concreto de la evolución global de nuestra sociedad.

3. La ciudadanía es una cualidad natural de la infancia, que no se adquiere en ningún “taller” ni proceso escolar. Otra cosa es su aprendizaje y su ejercicio.

4. La ciudadanía plena pasa por la escuela compartida por todos y todas. Una escuela no pensada como “fábrica de ciudadanos”, sino que ya considera a la infancia como ciudadana. La equivocación está en la idea de ciudadanía diferida.

5. Una concepción alternativa de la ciudadanía de la infancia implica una ciudadanía con las siguientes características: social, participativa, cognitiva, íntima… Debe implicar tanto a los adultos como a la infancia: ésta no debe ser nunca considerada como beneficiaria o “cliente” sino como co-participante.

6. Se deberían promover iniciativas de formación y de apoyo a las familias y comunidad en general, con competencias y conocimientos que las responsabilicen, para que adquieran estrategias de educación e intervención, concienciando a la comunidad en general sobre la necesidad de apoyar a la infancia en su formación para el ejercicio de la ciudadanía.

7. La Ciudad de los Niños es una utopía realizable. Sólo requiere una actuación social acorde con las solemnes declaraciones de muchos de sus dirigentes. Es necesario escuchar a la infancia desde una perspectiva diferente de la de los adultos, para comprender sus mensajes, y desde una actitud emancipadora.

8. Las formas de participación de los niños y niñas deben ser más libres, más flexibles y menos estructuradas. Es fundamental garantizar la participación política de la infancia con formas imaginativas adecuadas a ella, no repitiendo formas adultas, no se trata de hacer de los consejos infantiles unos parlamentos en pequeño.

9. Entre las condiciones de bienestar de la infancia, se debe añadir la inserción plena de los más jóvenes a la sociedad como ciudadanos específicos. Además de todos los aspectos de satisfacción individual (alimentación, salud, seguridad, educación, protección contra los malos tratos, información, atención a sus opiniones, entre otros).

10. Bienestar es la condición de satisfacción personal e inclusión plena de los individuos y de las comunidades sociales.

11. La Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas y otros documentos sobre ciudadanía son instrumentos legales que obligan a su cumplimiento por parte de los Estados, instituciones y personas. Todos ellos deberían asumir una visión emancipadora de la infancia en el logro de los derechos humanos y propiciar una ciudad de derechos, de inclusión y de ciudadanía.

12. La ciudadanía requiere la superación del egocentrismo, el desarrollo del juicio moral y la comprensión de las instituciones sociales. El aprendizaje de la ciudadanía supone avanzar en la capacidad de descentrarse del propio punto de vista y comprender que lo que conocemos de la realidad es únicamente una perspectiva y, por tanto, puede haber otras. Pero supone también aprender a reconocer y controlar la experiencia emocional de inseguridad que proviene de la incertidumbre que genera el cuestionamiento de la forma propia de pensar.

13. El pensamiento infantil puede ser menos complejo y elaborado que el de los adultos, pero no por eso es menos legítimo y debe ser tenido en cuenta.

14. La participación es la vía privilegiada para el aprendizaje de la ciudadanía, lo que requiere la presencia de los iguales: para la adquisición de la autonomía personal, para la superación de la heteronomía. En la historia de un adulto social y políticamente responsable siempre se podrá encontrar una infancia participativa. En las experiencias de participación infantil, claves para la formación ciudadana, la acción debe ir ligada a la reflexión. Desgraciadamente, existe mucho activismo y muy poca reflexión.

15. Los derechos de ciudadanía, tanto de la infancia como de los adultos, nunca se pueden dar por conseguidos del todo: están expuestos a retrocesos ligados a avatares individuales, sociales, políticos, económicos…

16. Educación no es equivalente a escolarización, pero la escuela puede contribuir a la consecución del ejercicio de la ciudadanía mediante tres funciones: educación sobre, en y para la ciudadanía. Educar en la ciudadanía requiere ejercerla en todo momento. Es decir, ofrecer a los niños y niñas experiencias en las que realmente estén realizando actividades que implican movilizar recursos necesarios para ser ciudadanos y ciudadanas. Educar en y para la ciudadanía supone desarrollar lo más valioso y específico de la persona.

17. Sin embargo, la aportación de la escuela no es suficiente: se requieren otros contextos educativos cuyas características son más apropiadas para la construcción de algunas de las dimensiones de la ciudadanía. Determinados contextos informales o no formales deberían desempeñar un papel central en la educación de los niños y niñas.

18. A partir de las actividades de calle se generan otras que permiten compartir los saberes de unos y otros que visibilizan las posibilidades creativas, participativas y de acción de las personas y familias que viven con más dificultades

19. La dimensión del desarrollo que mayor vinculación tiene con la ciudadanía es el desarrollo social, que implica simultáneamente elementos cognitivos, emocionales y sociales. Otra cosa es que, con fines analíticos, podamos hablar de ellos por separado.

20. La ciudad es el marco ideal para la convivencia y la participación democrática. Es en ella donde mejor se puede construir la práctica de la ciudadanía.

21. La infancia y la juventud, en su proceso para reconquistar el espacio público, están trabajando para toda la ciudadanía, promoviendo su utilización, como un bien común, por toda la población.

22. El espacio público debe ser saludable, seguro, legible y misterioso a la vez. Un espacio donde se propicie la mezcla de usos y usuarios. La diversidad es una de las características esenciales de los espacios de ciudadanía.

23. Sin participación no hay ciudadanía. Para poder ejercer este derecho, los administradores y gobernantes tienen el deber de escuchar a los ciudadanos y ofrecer formas de participación para todos los grupos y categorías.

24. Es muy difícil atreverse a participar si no se ha tenido nunca oportunidad de hacerlo. Es necesario acabar con el miedo que hay en el círculo de la pobreza.

25. Raramente alguien se interesa por saber la opinión de las personas pobres. Estamos acostumbrados a que se piense por ellos. Existe una gran segregación de este sector de la población.

26. En los proyectos participativos el objetivo no es sólo construir algo útil, sino activar el potencial creativo y catapultar el imaginario de los participantes como ciudadanos, constructores y usuarios.

27. Un alumno, por ejemplo, se siente orgulloso cuando ha tenido la oportunidad de colaborar en la resolución de los problemas de su centro.

28. Los niños y niñas son ciudadanos con derecho al presente y deben ser sujetos activos para ejercer y disfrutar de los derechos civiles, sociales y políticos en condiciones adecuadas a su edad.

29. Ser ciudadano a los 8, a los 10 ó a los 12 años es un compromiso diferente del que caracteriza a los ciudadanos adultos.

30. La cultura de participación tiene que ir ajustada a un contexto orientado hacia una mejora de la calidad del centro, además de suponer una clara apuesta por la implicación de una creciente cantidad de miembros de la comunidad. Esto exige la creación de estructuras organizativas que apoyen estas propuestas y que conlleven una mirada y una visión amplia de la compleja tarea de educar.

31. Los niños y niñas van cambiando el sentido y el contenido de la infancia; En consecuencia, su forma activa de vivir su presente, a veces, entra en conflicto con la visión cristalizada de la infancia instalada en el imaginario adulto.

32. Para poder participar, los niños y las niñas deben conocer progresivamente el marco en el que actúan.

33. La existencia de los consejos infantiles no es garantía del ejercicio de ciudadanía. Y muchísimo menos podemos afirmar que en ellos se aprenda la ciudadanía simplemente por asistir.

34. La participación infantil tiene diferentes grados, en función del nivel de implicación de los niños y niñas: participación simple, consultiva, proyectiva y metaparticipativa.

35. Las competencias que se activan en los procesos de participación son: comprensión de la realidad, comunicación/deliberación, creatividad, compromiso, representatividad, trabajo en equipo y autoorganización, metacognición y reconocimiento como ciudadano activo.

36. La participación en un órgano como el consejo infantil potencia el desarrollo de un amplio conjunto de valores, actitudes, habilidades y conocimientos asociados a la ciudadanía.

37. En la investigación “Participación infantil y construcción de la ciudadanía”[1] queda constatado que los jóvenes que en su infancia vivieron experiencias participativas significativas sostienen actualmente una idea de ciudadanía más elaborada y exigente, vinculada al humanismo cívico y respetuoso en pro de la convivencia.

 

[1] El equipo formado por J. Trilla (IP), A. Novella, A. Llena, E. Noguera, M. J. Morata, M. Gómez, I. Agud, y J. Cifre. Ref. EDU2009-10967.

Si queréis completarlas podéis comentarlo en el post original de Ciudad Infancia o el correo electrónico ciudadinfancia@gmail.com

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