Madre SOS: una historia diferente de la maternidad

Madre SOS: una historia diferente de la maternidad

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Por Yasmina Jiménez

María José Rivas Roibás es lo que se conoce como una ‘madre SOS’. Con niños, pero sin hijos. O al menos propios. Con amor, pero recordando que ‘sólo es un trabajo’. O al menos intentándolo. Desde hace 13 años, es la responsable de un hogar formado por niños de acogida de la organización Aldeas Infantiles SOS.

Esta gallega lleva más de 10 años trabajando en la Aldea de la organización ubicada en el Escorial, Madrid. Su hogar, llamado casa ‘Asturias’, es uno más del conjunto que compone esta pequeña comunidad donde se ofrece una oportunidad a los chicos privados del cuidado de sus padres porque les ha sido retirada su custodia de forma temporal o permanente.

“Ahora, en mi casa, tengo a cinco niños”, cuenta Rivas antes de entrar en los pocos detalles que puede facilitar de los pequeños que protege. Hace seis años llegaron a su hogar tres hermanos, de 6, 10 y 14 años, siguiendo el principio básico de Aldeas Infantiles de mantener unidos a los hermanos biológicos. Hace 18 meses, se unió a la familia otro adolescente, de 14, y por último, el pasado noviembre, llegó la más pequeña, de tan sólo tres añitos.
María José Rivas en su hogar, ‘Asturias’.

María José Rivas en su hogar, ‘Asturias’.

Su cotidianidad es una espiral en constante movimiento . Sus obligaciones comienzan por la mañana temprano cuando los levanta para ir al colegio, les prepara las comidas, asiste a sus tutorías, los lleva al médico si es necesario, les ayuda con los deberes o los acompaña a sus actividades extraescolares, entre otro sinfín de tareas diarias que se repiten con cada amanecer.

Pero para María, el cuidado de los niños va más allá de las responsabilidades impuestas: además, les proporciona el cariño que necesita cada uno. “Por las noches, cuando los más pequeños ya están durmiendo, dedico tiempo a escuchar los problemas de los más mayores y a ayudarlos”, comenta después de aclarar que tiene que encontrar tiempo también para estos detalles.

Elegir este camino también tuvo un principio. Un día vio un anuncio en el periódico y tomó la decisión. Sus labores previas en el mundo del voluntariado, su pasión por los niños y la educación infantil inclinaron la balanza hacia esta nueva etapa de su vida. “Empecé como educadora de apoyo, luego quise probar durante tres meses como madre SOS y ya llevo 13 años”.

Aunque hoy en día piden más requisitos, como ser educador o trabajador social, María José tuvo una formación muy alejada de la pedagogía. Formada en la rama de Químicas de Formación Profesional, cumplía, sin embargo, con el requisito imprescindible para este trabajo: dedicación exclusiva. “Es incompatible con tener tu propia familia porque a esto le dedicas mucho tiempo”.

Y es que trabaja cinco días a la semana 24 horas al día. Comienza habitualmente un viernes a las 10 de la mañana y acaba un miércoles a la misma hora. Durante sus 48 horas de descanso, un educador de apoyo se hace cargo de los niños, sabiendo que el pilar de ese hogar sigue siendo María José Rivas.

“Necesitas desconectar. Yo les doy todo lo que puedo pero tengo que intentar ser fría para descansar en mis días libres”, explica esta madre SOS como intentado justificar el derecho a libranza que tiene cualquier trabajador. También tiene María sus vacaciones después de acompañar a los niños a sus días en la playa o en la montaña.

“Nosotros les damos todo nuestro cariño, afecto y cuidamos de que estén bien atendidos pero al final ellos tienen sus familias”, explica María. Los niños separados de sus padres por obligación judicial terminan echando de menos a sus padres y sufriendo por la separación, pero también se acostumbran al cariño del que termina siendo su hogar habitual.

Quizás la desconexión es necesaria cuando los menores pasan por sus vidas y hay que despedirse a la fuerza, aunque Aldeas Infantiles no abandona a los jóvenes después de salir de las Aldeas. Hay un seguimiento con diferentes programas, pero para María lo más importante es saber si están bien. “A veces los jóvenes hacen su vida y se olvidan de llamar pero yo tengo mis mecanismos para saber si están bien y eso es suficiente”, explica.

Cuando se le pregunta a María por el día tan especial que se celebra este domingo, el día de la madre, asegura que ella no es la madre de los pequeños que cuida, aunque los eduque con el mismo amor. “Un día llegan y te dice que te quieren mucho y no sabes a qué viene, pero puede ser un día cualquiera, no tiene que ser ningún día especial”. Y es que al final el cariño no entiende de fechas.

Fuente: El Mundo. Sección Solidaridad

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